6
2008
Relatos Cortos; “Hasta el último hombre”

Las Naves habían sido desplegadas. Los pilotos alineados en la disposición que el Capitán les había ordenado. Los ánimos estaban altos, todos listos para enfrentarse a la batalla, esperaban con impaciencia el momento del ataque…
Solo unos días antes el Imperio había recibido intrigantes noticias sobre un inminente ataque. El Servicio Secreto de Información afirmaba al Estado Mayor Imperial que se sucedería una oleada de tres ataques. Sabían que el enemigo era sumamente peligroso y despiadado, ya que en anteriores ocasiones las Colonias del Imperio habían perdido el contacto con la capital debido a sus incursiones. Al ser conocedor de tan graves noticias, el Emperador y el Estado Mayor acordaron confiarle la labor de la defensa de la capital al veterano y experimentado Capitán Faramir, famoso de la defensa de Ankel X-C2 hace trece años, acepto el cargo de sumo agrado y sin objeciones.
“¡Todas las Naves del Imperio han de venir urgentemente en defensa de la Capital! Son de suma necesidad para la defensa y hasta la ultima podría ser decisiva, incluido naves de transporte de tropas y suministros”, pidió el Capitán por el canal común de emisión que compartía la Capital con las Colonias que aun se mantenían a salvo del enemigo. Y así fue, todas las naves espaciales operativas en un radio de cien millas a la redonda acudieron a la llamada de la defensa de la Capital, incluidas naves de carga y de suministros.
Debemos utilizar el menor numero de naves posible, solo la cantidad necesaria para no darle demasiados datos al enemigo, para contener la primera oleada y al mismo tiempo evitar malgastar equipo. se dijo a sí mismo Faramir mientras dibujaba estrategias con sus brazos en el panel virtual tropas que aun no se habían enfrentado se desplazaban de un lado a otro, buscando la mejor forma de preparar las defensas y protegerse contra el enemigo. En la primera oleada, que se suponía la más ligera, se utilizarían los Cruceros apoyados por los Cazadores Pesados. El Capitán tenía el presentimiento de que el enemigo enviaría como expedición una ligera fuerza de choque para comprobar el estado de las defensas y los recursos disponibles por los defensores. “Que todas las fabricas aeronáuticas sigan produciendo Naves a la mayor velocidad posible y que sean enviadas urgentemente a la Capital”.
- Nos lanzaremos directamente a la boca del lobo en un bloque compacto en busca del choque directo cuando se aproxime la Flota enemiga, vamos a sorprenderlos, esperan una defensa estática de la Capital, ¡no vamos a darles la posibilidad de reaccionar!. Se giro hacia el operador de la Nave. Soldado, ¿cuanto falta para que lleguen los refuerzos desde los demás planetas del imperio?
- La mayor parte de las Colonias harán llegar su flota mañana, mientras que los planetas del sector Xenón tardaran al menos tres días, Señor.
- Entiendo…deberán darse prisa, por desgracia para nosotros, la guerra no espera.
- Sí, Señor.
Justo en ese momento aparecieron en el radar como puntos luminoso un nutrido grupo de Cazadores Ligeros y de Sondas de Espionaje que se acercaban a toda velocidad hacia ellos. “¡Ahora!” ordeno el Capitán. Todas las Naves pusieron sus motores a la máxima potencia y se dirigieron en punta de lanza hacia el objetivo. La arriesgada maniobra de Faramir había pillado a los atacantes por sorpresa, la acción fue fulminante y solo duro unos breves minutos. La flota defensora penetro sin problemas en la formación atacante exterminado a los enemigos entre la confusión reinante.
“Perdidas del enemigo: 1522 Naves. Perdidas del Imperio: 0 Naves” la voz metálica de la IA de la Nave Principal comunicada a todas las Naves de la Flota, produjo un estallido de griterío y aclamaciones entre la tropa. A su regreso a la Capital, los soldados fueron recibidos con una ensordecedora ovación ,en particular Faramir, por parte de los numerosos habitantes y los refugiados de otras Colonias, aclamado por el pueblo ante su brillante e inesperada estrategia. Intento controlar la euforia de los soldados y los habitantes de la Capital ante esta primera victoria en un comunicado por la cadena local. “Enhorabuena a todos los soldados de la Flota Imperial, quiero pediros que no os confiéis, todavía nos quedan dos batallas por luchar, os recomiendo encarecidamente a todos los pilotos que descanséis bien esta noche, mañana nos espera un día duro, mucho más que el de hoy, buenas noches”. Aquella noche, mientras los recicladores trabajaban a destajo recuperando los escombros dejados por el enemigo durante la batalla y volvían repletos al hangar, Faramir se mantuvo en vela gran parte de la noche, diseñando nuevas estrategias de combate, estudiando la defensa y pensando cual seria el siguiente movimiento del enemigo después de su primer fracaso. Al día siguiente se enfrentarían a dos oleadas de terribles enemigos, esta vez no caerían en la misma trampa, y vendrían preparados, buscando venganza por la ofensa recibida. Debía evitar a toda costa las menores bajas posibles para reservar su mejor baza, los acorazados y los destructores, sabia que serian de vital importancia, quizás su única oportunidad de salir victorioso de lo que les esperaba. Después de largas horas y de desechar diferentes estrategias decidió lo que hacer, y luego se fue a descansar unas horas esperando la salida del sol.
Pocas horas después se aproximaba la nueva Flota enemiga, a la que la defensora espero en su posición sin adelantarse demasiado. Constaba no solo de Naves de Batalla y de Cazadores Ligeros, sino también de Bombarderos y Destructores. Era demasiado tarde para cambiar planes, si se quedaban estáticos podrían hacer frente a las Naves de Batalla y a los Destructores a pesar de encontrarse en inferioridad numérica las defensas de la cuidad equilibrarían la balanza pero esos Bombarderos cambiaban radicalmente la situación, si empezaban a disparar sus pesadas cargas no tendrían ni la mas mínima oportunidad, sin embargo esos monstruos de muerte eran demasiado débiles en el cuerpo a cuerpo, Faramir no tuvo mas remedio que ordenar que la defensa se lanzara a la carga.
Las Naves de Batalla junto a la carne de cañón resistían de momento aunque con varias perdidas ataques de los defensores, al mismo tiempo las dos alas de la media luna iban cerrándose alrededor de la flota enemiga, todo parecía indicar que la estrategia estaba funcionando. Pero una audaz maniobra del Comandante enemigo, imprevista por Faramir, dirigió los disparos de sus Destructores y Bombarderos, sacrificando algunos de ellos en la acción, hacia el ala izquierda, destruyendo en pocos minutos todas la Naves que la componían eliminando a la vez la pinza que estaba a punto de completarse y dejando el flanco derecho totalmente expuesto. “Que todos los cañones de plasma disparen a los Destructores ¡YA!” fue la orden del Capitán. Pero ese era el objetivo primario de los destructores, atraer el fuego enemigo mientras los indefensos Bombarderos causaban graves estragos en el resto de las defensas. El Capitán no podía abandonar el frente mas avanzado del campo de batalla, pues seguían teniendo graves perdidas y las naves enemigas seguían siendo demasiado numerosas. La pinza había fallado estrepitosamente, nada recordaba los éxitos del día anterior. No le quedo otra alternativa para evitar el exterminio de sus mermadas fuerzas “Desplieguen los Destructores y Acorazados” Enseguida se despegaron en formación y salieron en apoyo a las castigadas defensas, destruyendo rápidamente las Naves que estaban intentando hacer una incursión contra la Capital y yendo al apoyo del resto de la flota. Los enemigos dieron por terminada la segunda oleada y se retiraron. La batalla tuvo su fin.
Por todos los lugares donde miraban los soldados había rastros de destrucción, edificios derribados, zonas quemadas, cadáveres de ciudadanos cubiertos con mantas. Esta terrible visión fue un duro golpe para la moral de los soldados, además se rumoreaba entre la tropa que el Capitán había sido herido por un impacto mientras se retiraban a bordo de su Nave de Batalla. “Hemos perdido demasiadas Naves”…”Las defensas de la cuidad están casi destruidas”…”¿Que haremos ahora?”…”¿Como superaremos la próxima oleada?” se murmuraba entre las tropas y los ciudadanos de la Capital. El Capitán Faramir fue llamado de urgencia a un Consejo Especial con el Emperador y su Estado Mayor.
El Capitán llevaba la parte izquierda del rostro cubierta por vendajes con manchas de sangre, síntomas de las heridas sufridas en la batalla, los ojos rojos del Capitán mostraban unas oscuras ojeras que indicaban falta de descanso al igual de la barba de dos días que se empezaba a vislumbrar en sus mejillas. Una rodilla sobre el suelo, con la cabeza gacha en presencia del Emperador.
- Dime, ¿cuantas Naves habéis perdido?
- 45730, alteza.
- Un número muy elevado Capitán.
- Así es…
- Según mis informes, mas del doble de las perdidas del enemigo, sin contar las perdidas de las defensas de la cuidad, ¿me equivoco Capitán?.
- No, alteza.
- No has demostrado estar a la altura de las circunstancias, deberías haber utilizado la reserva de Destructores y Acorazados desde el principio de la batalla como te aconsejo el Estado Mayor.
- Tiene razón, quería reservarlos para la próxima oleada en caso de necesidad, alteza.
- ¿Necesidad? interesante… Y dime, Capitán, ¿como piensas enfrentarte a la próxima oleada, si has sufrido tal cantidad de perdidas?.
- Los recicladores han recolectado gran cantidad de escombros tanto nuestros como enemigos de la batalla, ahora mismo se están reponiendo en el hangar algunas de las Naves que no han quedado completamente inutilizables. También hemos recibido noticias de que en pocas horas llegaran varias Flotas de refuerzo de varias colonias del Imperio.
- No creo que lleguen a remplazar las perdidas sufridas. Además el hangar no terminara de trabajar hasta poco antes de la próxima oleada, tengo entendido que los hangares están trabajando a su máxima capacidad y también tengo malas noticias que anuncian una tercera oleada de una magnitud mucho mayor a las anteriores. Quieren asegurarse de terminar el trabajo. ¿Como esta en este momento la moral de las tropas Capitán?.
- Creo que no esta en sus mejores momentos, alteza, pero son soldados valientes y lucharán por defender la Capital con sus vidas si es necesario.
- Hemos estado debatiendo durante horas y hemos llegado a la conclusión de que a pesar de tú fracaso en la defensa de la Capital seguirás al mando de la Flota ante la ultima oleada, no queremos empeorar más el estado de animo de las tropas. Nuestras posibilidades de supervivencia son escasas Capitán y nuestra salvación es improbable con estrategias como la de hoy…no tenemos muchas esperanzas. ¡Ahora vete y prepara una táctica que nos permita sobrevivir a la próxima oleada o no habrá mañana nada que defender!
- A sus ordenes, alteza.
Faramir se retiro de la sala y no durmió en toda la noche, diseñando estrategias validas en su mente para enfrentar el inevitable choque del día siguiente. Sus ordenes a los operarios de los hangares eran la detención del uso de escombros para la reconstrucción de defensas en favor de la reparación de las Naves operativas, hizo algunos cálculos de las Naves con las que podía contar sumadas a las que llegarían de las colonias, se podrá reponer quizás algo mas de la mitad de la flota que habían perdido ese día. ¿Debía usar una táctica ofensiva o más conservadora? ¿Debía mandar toda la flota desde el principio o mandarla gradualmente? De algo estaba seguro, otro error y significaría la muerte de millones de personas, axial que lo mejor que podía hacer era intentar sorprender una vez mas al enemigo y adelantarse a sus movimientos. Sobre el pesaba una responsabilidad enorme, mas dolorosa que cualquier herida sufrida en la batalla…salvar a su pueblo de la destrucción.
– Señor – interrumpió su segundo oficial, a bordo de uno de los Destructores – que harán mientras tanto las Naves de Batalla y los Acorazados?
- Mientras las Flotas entran en combate las Naves de Batalla y los Acorazados se alejaran desde ahora del resto de la flota fingiendo una retirada, rodearan al enemigo y les sorprenderán por la retaguardia.
- Pero señor, ayer utilizamos una táctica parecida y…
- ¡La de ayer fue otra batalla!, además ahora el enemigo no vera que va a ser rodeado. La vanguardia sufrirá graves perdidas ya que será el centro de ataque del enemigo, tendrán que resistir el tiempo suficiente para poder llevar acabo nuestra estrategia o estaremos perdidos sin remisión, no habrá salvación para la cuidad y sus habitantes, ¿Entendido?
- ¡Si, señor! – respondieron un coro de voces al unísono por el intercomunicador de la Nave del Capitán.
- Es muy probable que esta vez la flota mas pesada del enemigo este situada en la parte posterior de su formación esperando tener camino libre para avanzar ya que son vulnerables al cuerpo a cuerpo pero mortales a grandes distancias, por lo tanto tenemos que tomarla desprevenida. Solo tendremos una oportunidad, si es que se presenta y estoy seguro que no esperaran una táctica similar por segunda vez después de habernos ocasionado tan graves pérdidas. ¡Que las Naves de Batalla y los Acorazados se empiecen a mover!
Y así lo hicieron, mientras el Capitán Faramir esperaba en un Destructor con el resto de la Flota la llegada del tercer y definitivo ataque. “¡Soldados, en momentos como este es cuando mas debemos comprender todos cual es nuestra función hoy aquí, muchos de vosotros perecerán y otros quizás sobrevivan, es parte de la batalla! Pero dejadme deciros algo, todo aquel que se salve de lo que esta por llegar, mas allá del resultado final, podrá contar con orgullo que un día participo en una defensa que será recordada por siempre! ¡Demostrémosles cual es nuestro valor! No será un suplicio, si perecemos, será un honor! ¡Dejadme sangrar con vosotros!” el ensordecedor griterío por parte de las tropas de las Naves en respuesta al discurso de su comandante le emociono mas que ninguna otra cosa hasta el momento. Viviría o moriría con ellos.
El tiempo entre el discurso y la llegada de la flota enemiga fue muy breve. Esperaron con tensión a que los enemigos se aproximará lo máximo posible, de esta forma los disparos de la defensa de la cuidad resultarían lo mas efectivo posibles. “¡AHORA!”, trono el Capitán, cuando considero que los enemigos se encontraban lo suficientemente cerca y antes de que notasen la ausencia de los demás efectivos de la Flota.
Enseguida partieron a toda velocidad los Cazadores Ligeros y Pesados, que fueron al choque con la flota ligera del enemigo, seguidos por los Cruceros a corta distancia logrando entrar al corazón del bloque enemigo y cogerlos momentáneamente por sorpresa. Desde el punto de observación del Capitán la batalla entre las Naves ligeras parecía un enjambre de abejas iluminadas por pequeñas explosiones constantes por todas direcciones. Aprovechando el fuego rápido de los Cruceros, los defensores hicieron grandes estragos entre la carne de cañón enemiga, a pesar cada vez mayores perdidas, debido a los fulminantes disparos de las Naves de Batalla enemigas, mortales contra las débiles defensas de los naves ligeras.
La batalla se endurecía por momentos, ante la sorpresa inicial los defensores habían conseguido asestar un duro golpe al enemigo haciéndole perder su Flota ligera casi en su totalidad aun así, las Naves del Imperio disminuyan cada vez mas de una forma que comenzaba a ser alarmante a medida que las Naves pesadas acudían a las primeras líneas de la batalla. Por otra parte se había estabilizado la situación de los defensores dándoles un pequeño punto a favor en la balanza de la contienda que se estaba librando, pero si no sucedía algo determinante enseguida esa ventaja se esfumaría rápidamente.
- Capitán le informo de que recibimos noticias sobre un gran revuelo entre las comunicaciones enemigas, parece que están sufriendo graves perdidas en su retaguardia y tienen que enviar a las unidades pesadas en su defensa, señor. Comunico el operador a Faramir con entusiasmo contenido en la voz.
- Ordene a la Flota y a las defensas que presionen desde el sector Norte-Noroeste tenemos que atacar ahora que el enemigo se repliega para proteger su retaguardia. Faramir sabia que el éxito de su estrategia residía en la rapidez de sus acciones, el enemigo, mayor en numero y potencia de fuego tenia que estar en movimiento, si se mantenían estáticos su superioridad los aplastaría, el ataque a la retaguardia había sido un golpe de suerte brillante, mientras las Naves de Batalla y los Acorazados hacían estragos en la retaguardia del enemigo, y retiraba Naves de primera línea para defenderla, seguirán presionando si dar tregua al enemigo desde dos puntos obligándole a mantenerse en movimiento y hacerle entrar en un estado de caos y confusión.
Minutos más tarde le comunicaron
– Señor, 4066 Cazadores Ligeros listos y preparados en el hangar esperan ordenes. Los refuerzos de las colonias entran en la ciudad ahora mismo por la entrada sur, señor.
- ¡Perfecto! ¡Desplieguen los Cazadores de inmediato!. Que los refuerzos se unan lo antes posible al ataque como tropas de refresco, envíe las Naves dañas al hangar de reparación. Poco a poco se iba definiendo el desenlace del combate en la pantalla del Capitán. Cuando de la flota enemiga quedaron solo seis Destructores, junto a tres Bombarderos y trece Naves de Batalla, que fueron exterminados por los disparos de los Acorazados y de las Naves de Batalla defensoras.
“Perdidas del enemigo : 87221 Naves y 538 capturadas o rendidas. Perdidas del Imperio: 57830 Naves y 0 unidades de defensa”. En ese momento estallaron por todos lados las voces de alegría, festejando la victoria, celebrando la caída del enemigo, vitoreando al Capitán.
Faramir tenía una medio sonrisa contenida en el rostro, mientras observaba con cierto agrado los restos de las Naves del enemigo en las que trabajaban los recicladores. Se acerco por detrás el General de Estado Mayor Imperial y extendiéndole la mano hacia el Capitán dijo con cierta reverencia.
– Lo felicito, Capitán, gracias a su estrategia la batalla ha sido un éxito. Digna de recordar y nombrar en los libros de texto de nuestras futuras generaciones, ¿no cree? Las Naves de Batalla y los Acorazados han tenido realmente una función clave en el desenlace. Faramir sonrió, asintió ligeramente con la cabeza y luego se dio vuelta complacido para seguir observando el trabajo eficaz de los recicladores donde hace pocas horas se había librado una batalla a vida o muerte. Algo le hizo fruncir el ceño. “Pero que demonios…” Una gran mancha negra en dirección norte se hacia mayor lentamente. Poco a poco se empezó a apreciar sus formas y detalles, hasta que lo vio del todo. La copa de cristal cayo de su mano haciendo un gran estruendo de vidrios rotos al chocar contra en duro suelo, su expresión era atónita, reino el silencio durante unos segundos y echo a correr rápidamente al comunicador de su habitación privada. Como una abeja reina que se acerca enfadada a picar al causante de la muerte de sus obreras, algo monstruoso y mortal se dirigía hacia la capital para realizar un cuarto ataque…
Ahora comprendían por que la segunda oleada había sido ideada para destruir las máximas defensas posibles, solo habían intentado allanar el camino para el monstruo hambriento de destrucción que llegaría después. Habían perdido toda esperanza, Faramir sabia que no debía mostrar signos de debilidad ante sus tropas, les dirigió un discurso intentando subirles la moral “Amigos, hay momentos en los que las suerte se nos muestra adversas. Nuestras posibilidades son escasas, no voy a mentiros con falsas promesas, pero una cosa os aseguro, ¡MORIREMOS LUCHANDO!” Durante unos momentos reino el silencio y como la marea que se expande de manera constante la cuidad se despertó de letargo llenando las calles de gritos y vítores, pues sabían que las posibilidades de supervivencia eran mínimas, aun así lucharían, lucharían todos juntos, hasta el último hombre.
- Que se apresuren en regresar los recicladores. Preparad la Flota, que todas las Naves operativas estén listas para el combate, situación de emergencia. Intentaba que sus hombres sacasen el orgullo necesario para combatir, ya casi no les quedaban energías y la mayoría de las Naves mostraban los signos y efectos de las anteriores batallas. Él mismo había dormido apenas cuatro horas en los dos últimos días, se sentía exhausto pero la adrenalina de lo que se avecinaba lo mantenía despierto.
A bordo de su Nave de Batalla, se adelanto ligeramente más del resto de la Flota. Los recicladores ya habían recolectado todos los recursos posibles antes de la llegada de la Estrella de la Muerte, que avanzaba lentamente. Faramir decidió lanzar a las Naves ligeras para empezar la ofensiva. Fue un ataque ineficaz pero con orgullo, pero nada había que se pudiese hacer contra el poder de la Estrella, la cual se abría paso fácilmente con su fuego pesado entre la Flota defensora.
– Señor, tenemos ciento cincuenta Naves de Batalla listas para ir a combatir.
- Láncela ahora mismo.
El equilibrio del choque se iba torciendo inevitablemente a favor del enemigo. En la confusión de la batalla los cañones de la Estrella alcanzaron la Nave de Batalla de Faramir.
– Capitán debemos abandonar la Nave.
- Todos los soldados a las capsulas de evacuación de la Nave, ¡rápido!.
“Tiempo para la destrucción completa de la Nave : 233 segundos”, comunico con voz femenina la IA de la Nave por los intercomunicadores. El caos y el desorden en la Nave eran cada vez mayores. Faramir sabia que solo una pequeña parte de la tripulación podría salvarse al haber quedado inutilizados muchos botes de evacuación por el impacto sufrido. “Tiempo para la destrucción de la Nave : 180 segundos” Como hormigas escapando del destruido nido soldados, ingenieros y operadores corrían de un lado para otro. En el muelle de la Nave, los pilotos montaban en los Cazadores Ligeros y Pesados de los que disponía la Nave, mientras que el resto de la tripulación subía apresuradamente a unas pequeñas capsulas de evacuación para cinco ocupantes programadas para volver a la Capital en caso de emergencia. “Tiempo para la destrucción de la Nave : 100 segundos, iniciando la cuenta regresiva. 99, 98, 97, 96…” Apenas quedaban capsulas de evacuación cuando Faramir montaba en su Cazador Ligero listo para abandonar la Nave, titubeo unos segundos al observar la gran cantidad de tripulantes que no podría salvarse…Su oficial de Mando le ayudo a subir al Cazador pero Faramir se detuvo en seco.
- Sube tú. Quedas al mando de la Flota.
- Señor nunca podría hacerlo. Es usted de vital importancia para nuestra salvación.
- Salvación…
“48, 47, 46, 45…”
- Nunca he abandonado a un soldado a su suerte…
- Yo tampoco lo haría mi Capitán, fue un honor servir para usted.
El oficial cerro la escotilla del Cazador y activo saludo desde fuera al Capitán. Faramir sabia que era demasiado tarde para todos ellos, lo único que le quedaba por hacer era coger altura y abandonar la Nave.
“15, 14, 13…” El Capitán puso el Cazador en máxima potencia para evitar la onda expansiva de la destrucción de la Nave. Había perdido toda noción del tiempo, ya no sabia si el combate seguía o había terminado, sus sentidos estaban tan embotados que apenas oía las palabras que le hablan por el comunicador del Cazador. “¿Señor, llegan refuerzos de las colonias! disponemos de mas Naves preparadas para la bata…” Se interrumpió la comunicación. Ya no quedaba más que sucumbir ante el invencible enemigo, que a pesar de mostrar daños en su estructura seguía siendo un arma letal.
“…tos Acorazados y más de mil Naves de Batalla esperando sus ordenes” cuando la comunicación se restableció de nuevo, el corazón del Capitán parecía que se le iba a salir por la boca. Era el último intento por la salvación, que poco a poco iba siendo más cercana que nunca. Galvanizados por la llegada de nuevas fuerzas, los agotados pilotos de la Flota aprovecharon este breve momento de euforia disparando sin tregua hasta que por la superficie de la Estrella empezaron a parecer más y más explosiones, al menos parecía que la estaban haciendo daño.
Un proyectil lanzado por la Estrella se dirigía a la pequeña Nave del Capitán, los sensores hacían sonar la alarma del habitáculo destellando en un rojo chillón que dañaba los ojos de Faramir y el sonido estridente le oprimía los oídos. Miro a través de la escotilla transparente para no ver nada unos metros más allá. Una voz le gritaba desde la pantalla de comunicación pero no conseguía distinguir lo que decía, era como si hablase en un idioma desconocido para él. Los recuerdos de su vida entera fueron pasando rápidamente por su memoria. Apretó los dientes. Cerró los ojos.
EL AROMA DE LA MUERTE
El impacto daño la Nave y la envió a la deriva, sin rumbo. Un Acorazado rescato a la averiada Nave en su muelle de carga.
– “Capitán, ¿se encuentra bien?” Faramir abrió los ojos lentamente saliendo de su semi insconciencia, no entendía que había sucedido, seguía como hipnotizado por el impacto. Reacciono después de unos instantes, mirando a través de la capsula transparente llena de rajaduras y viendo las abolladuras de su Cazador, cuando salio se toco los brazos y el pecho comprobando que estaba ileso, contesto al tiempo que se escuchaban voces de alivio.
- S… sí, estoy bien…¿qué ha sucedido?.
- Nos alegra saber que esta sano y salvo, señor – respondió el Oficial de la Nave – Un piloto sacrifico su vida por usted, se interpuso voluntariamente en la trayectoria del proyectil, a usted le afecto la onda expansiva y los fragmentos de la explosión.
- …¿sabe quien era?.
- No lo sabemos, señor. No lo hemos conseguido identificar.
“Perdidas del enemigo: 1 Nave. Perdidas del Imperio: 39891 Naves y 22.473 habitantes de la cuidad y colonos”.
Los supervivientes de la gran batalla regresaron sin prisa a la Capital, donde una pequeña multitud de soñolientos ciudadanos los recibió con aplausos y sonrisas. Faramir descendió de su Nave, se detuvo unos segundos para observar lo que ahora podría no existir. Y después se dirigió a hablar con el Emperador.
- ¡Faramir! ! Enhorabuena por esta magnifica victoria ! ¡Has salvado a la Capital!
- Gracias, alteza.
- ¿Cuantos hombres hemos perdido?
- En los tres días, unos 50.000 aproximadamente.
- !Cifras aceptables¡ Con lo que podía haber sido, no quiero no pensarlo. Tu tarea ha sido determinante, estamos tan agradecidos que el Estado Mayor ha decidido nombrarte General de la Flota Imperial.
- Alteza…
- Además voy a recompensar gratamente a todos los soldados que han regresado victoriosos de la victoria con una gran fiesta en su honor, ahora podremos aplastar al derrotado enemigo de un…
- Es usted la vergüenza del Imperio…los muertos no se reponen como si nada. A su alteza no le importa nada las muertes ni el sufrimiento de las tropas. ¿Qué hay de las familias que perdieron parientes en la batalla? ¿También habrá fiesta para ellos? ¿Habrá acaso algún reconocimiento por lo mucho que han perdido? No quiero honores, solo servir a mi pueblo. Váyase al diablo.
Y con esto, le dio la espalda al atónito y enmudecido Emperador y se fue. Por la noche fue a brindar con sus tropas, no podía prohibirles al menos un desahogo y un mas que merecido festejo una vez pasada la medianoche. Reían y cantaban, aunque en su pecho sentía un gran vació. No soportó mas encontrarse allí y tomo su bebida, para alejarse de allí, quería caminar. Llego hasta un muelle, levanto la vista y vio la luna que iluminaba los escombros que seguían siendo recolectados por recicladores, los cuales tendrían que trabajar sin tregua unos días mas para limpiar todo aquel desastre, todas aquellas vidas terminadas. Se sentó al borde del pequeño muelle, con sus pies rozando ligeramente la tibia agua. Alguien se acerco por su espalda, volvió la cabeza y vio que era su primer oficial, había perdido un brazo en la batalla.
- Hermosa noche, ¿verdad Capitán?.
- Tiene un sabor amargo para mi. ¿Por que no estas festejando con el resto de los soldados?
- Usted tampoco lo esta.
- No puedo, Johann. Siento que les he fallado a todos los que hemos perdido. Dos de ellos se sacrificaron por mi, ¿que soy yo para ellos?
- Capitán…quienes se sacrificaron por usted lo hicieron por el honor, por el deber, porque usted era el ultimo eslabón clave para salvarnos de la destrucción.
Fue entonces cuando entendió. No debía abrir más las heridas, tenia que seguir adelante. Debía ayudar al Imperio por los soldados que habían entregado su vida a favor de la Capital. Cada gota de sangre derramada valdrá para dar vigor y orgullo a su amado pueblo. Y el debía liderarlo hacia la gloria eterna. En su mirada, se reflejaba la pálida luna llena, pero mirando con mayor profundidad a través de ella había deseos de grandeza. Grandeza a la que prometió llegar algún día…
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