8
2011
La cita con Ainhoa
Y por fin llego el Jueves, el tan esperado “gran día”, mi primera cita con Ainhoa, los dos solos, una morena de 18 añitos que había conocido justo antes de descubrir la existencia del mundo de la seducción. Llegue un poco antes de la hora en la que nos habíamos citado, lo ultimo que quería era llegar tarde, y que ella pudiese enfadarse conmigo por eso. Dieron las 8 y allí no aparecía nadie, “bueno parece que se esta retrasando un poco”, pensé. A las 8:20 estaba hecho un saco de nervios, ¿me había dejado plantado? No me lo podía creer, ¡veinte minutos de retraso!.
Saque el teléfono y busque su número en la agenda, la llame para saber donde estaba y por que no había llegado todavía. Ella me colgó la llamada y cerré los ojos temiéndome lo peor. Cuando los abrí la vi a lo lejos, estaba cruzando el paso de cebra que hay junto a la gasolinera del metro de Aluche. Traía unos pantalones vaqueros negros ajustados, con un chaleco negro, la camisa llevaba un par de botones abiertos, mostrando un sugerente escote, y un sujetador negro que asomaba por los bordes de la camisa blanca, además parecía un poco más alta porque se había puesto unos zapatos de tacón blancos que alargaban sus piernas. Tenía el pelo liso, recuerdo que cuando la conocí en La Gramola, tenía un peinado diferente, con el pelo rizado, y estaba realmente guapísima.
Allí me encontraba yo, clavado como una estatua, babeando y sintiéndome afortunado porque una chica se tomase la “molestia” de quedar conmigo, y dedicarme unos momentos de su tiempo. Al verla me cambio la cara, y me relaje notablemente al saber que ya estaba ahí, que no me había plantado, que solamente me había colgado la llamada porque ya estaba muy cerca de donde habíamos quedado. Se me olvido de golpe que me había hecho esperar mas de quince minutos, a pesar del frío que hacia en la calle por aquellas fechas de Septiembre de 2007. El solo verla de nuevo hizo que me calentara por dentro.
Me dejo alucinada su primera reacción, nada más verme me dio un abrazo. Era lo último que me hubiese esperado, sino que me diese dos besos en la mejilla, como se hace con las chicas con las que tienes poca confianza. El abrazo fue largo y calido, aproveché el momento para estrecharla entre mis brazos, disfrutar de su contacto de nuevo, y de su perfume, era la misma colonia que llevaba cuando la conocí, pero esta vez más marcada, y sin el olor a humo y alcohol que teníamos los dos el sábado de madrugada.
Estaba totalmente descuadrado, ¿Qué quería decir ese abrazo? ¿Tenia posibilidades con ella? ¿Ya estaba todo hecho? Quizás fuese cierto, y ya había empezado a separarme de ese grupo de hombres corrientes o fruscos, para convertirme en el selecto grupo de seductores. No cabía mi orgullo en el pecho, parecía que todo iba a salir bien, al fin y al cabo, y que las cosas no serían tan difíciles como me había imaginado cuando salía de mi casa hacia solo una hora.
Intercambiamos los típicos “que tal”, “como estas”, ella me dijo que estaba algo cansada de estudiar, y que salir a tomar el aire la vendría bien para despejarse, y que sentía mucho haber llegado algo tarde, porque desde su casa, tenia que atravesar todo el parque para llegar hasta el cercanías de Aluche. Yo la excuse quitandole importancia al asunto, y le dije que no pasaba nada, que también acababa de llegar hacia solo un momento, y que por eso la llamaba, para ver si ella había llegado antes que yo y se había ido, parece que la mentira paso inadvertida. Nos dirigimos al centro comercial a comprar unos helados, me sentía en la obligación de invitarla, aunque ella no hubiese hecho nada para merecerlo, quería tomar la iniciativa y ganármela, como había hecho durante tantos años con otras mujeres. Pedimos un par de helados en el McDonals, yo de caramelo y ella de fresa, después de pagar nos fuimos fuera porque el sitio estaba lleno de gente tomando algo a esa hora, Ainhoa me dijo que prefería ir a un sitio más tranquilo. Pensaba que con un sitio más “tranquilo”, se refería a un sitio donde nos pudiésemos “enrollar tranquilamente”, sin que nadie nos molestase.
Salimos del McDonals, y fuimos a un lateral, donde hay una salida de emergencia que da a la calle y no pasa gente, ahí nos sentamos, uno al lado del otro, y comenzamos a comer nuestros helados. Se creo un momento de silencio un poco tenso, en el que yo no sabia muy bien que era lo que tenia que hacer a continuación, ¿Me lanzaba ya directamente a besarla o esperaba un poco a conversar primero con ella para que la cosa no fuese tan a saco? A pesar del frío que hacia por allí, tenia las palmas de las manos sudorosas por los nervios, y no sabia muy bien a donde mirar, estábamos muy cerca el uno del otro, quizás debía pasarle el brazo por los hombros, traerla hacia mi y besarla apasionadamente, como me moría de ganas de hacer desde que había llegado. A ella se la veía muy tranquila.
Mientras me decidía, montándome mi propia película en la cabeza, ella empezó a hablar…
- Dentro de unos días, viene mi novio a verme – Me quede atónito, casi me atraganto con el helado, se me paso el apetito de golpe.
- ¿Sí? Ah, eso es genial…debes echarle…mucho de menos – Tenia ganas de gritar, y de llamarme tonto a mi mismo, de patear el suelo o lanzarme al vacío desde lo alto. Allí estábamos los dos, sentados en la escalera, tomando un helado que yo había pagado, y ella hablando de su novio, no podía ser una situación más patética.
- Sí, muchísimo, y ¿sabes una cosa? Me he comprado un conjunto de ropa interior morada, súper bonito, para el día que nos veamos - Me lo dijo verdaderamente ilusionada, y yo no sabia muy bien que decir en ese momento, la situación era bastante cómica y comprometida al mismo tiempo, aunque a mi no me hiciese ni pizca de gracia, me estaba confesando en toda mi cara, las cosas que tenia preparadas para su novio, y lo que haría con él en la intimidad, como si estuviese hablando con una amiga con la que tiene mucha confianza, y se juntan para hablar de chicos. ¿Pero qué clase de broma pesada era esta?
Me sentía como un imbécil, allí sentado haciendo el primo, escuchando todas aquellas cosas sobre ella y su “querido” novio, de lo mucho que le gustaba, y de las cosas que hacían en la cama, me hervía la sangre por dentro, estaba celoso a rabiar, y a la vez me sentía impotente, fue muy duro darme cuenta de que esa noche no me besaría con ella, ni me abrazaría, tal y como había imaginado solo hacia unos momentos, sino que estaría escuchando una conversación que era como un fría puñalada en mi pecho. Al parecer, ella no veía las cosas de la misma forma que yo, y para terminar de rematar, me dijo que unas amigas la habían llamado, para decirle que se fuese de fiesta con ellas a tomar algo esa noche, para relajarse de los estudios, y que si no salía, la sacarían de los pelos de su casa, todo esto me lo contaba con una sonrisa de oreja a oreja, como si no pasará absolutamente nada, y era cierto, para el único que pasaba algo era para mi, para ella, las cosas estaban saliendo a pedir de boca.
Ese era el motivo por el que había venido tan arreglada, y yo pensé que había sido por mí, para que la viese guapa, pero no, había sido para salir de fiesta con sus amigas, ¡que fuerte! No tenía tiempo de ir al cine conmigo, y solo podía quedar unos minutos, pero si podía irse de fiesta con las amigas… Me invito a irme con ella y sus amigas de fiesta, pero sabia de sobra que yo iba a decir que no, porque no iba ni arreglado para salir, llevaba puesto un forro polar gris, unos pantalones de chándal negros Adidas, y unas deportivas, porque pensaba que ella se presentaría también informal (por aquella época la verdad es que vestía como el culo). Donde iba a ir yo con ella con esas pintas, “la Bella y la Bestia”, era imposible, había sido derrotado de nuevo sin haberme enterado de cómo había sucedido, las cosas habían pasado demasiado deprisa, y estaban fuera de mi control, GAME OVER, el juego había acabado…¿o solo hacia nada más que empezar?.
Ella se despidió de mí con otro abrazo y yo me monte en el metro camino a casa, con la mirada fija en el suelo, derrotado, rayado y sintiéndome cada vez peor conmigo mismo y con el resultado de la “cita”. Las cosas no habían salido como tenia planeado ni mucho menos, quizás hubiese sido por mi culpa, por vender la piel de oso antes de cazarlo. Ya en mi casa, recibí un sms suyo a mi móvil en el que decía “Hola de nuevo nene, gracias por el heladito y por escucharme, me lo he pasado genial contigo, ¡eres un sol! descansa y nos vemos otro día, ¡besitos cielo! TK” ¿¿¡Te quiero!?? ¿Pero de que coño iba esa tía? Me había estado rayando la cabeza con su novio ¿Y ahora me trataba como si fuese yo su novio pero sin poya? En ese momento, no entendía nada de nada. Solo tiempo más tarde descubriría, que había caído en un grupo que cualquier seductor intenta evitar a toda costa, un grupo del que es muy difícil salir, ella me veía ahora como un “amigo”, y seducirla sería prácticamente misión imposible, iba a ser su paño de lagrimas, su confesor, la persona que estaría encantada de comerse su basura emocional, había sido “solamigueado” por Ainhoa…
5º Mi monoitis con Ainhoa; Buscando soluciones para seducir a Ainhoa
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Pues, visto con perspectiva, el ir vestido como el culo fue lo mejor que hiciste de todo, ya que tal vez fuese en la única cosa que no gastaste tiempo tontamente con ella.
soy un firme defensor de vestir a lo guarro xD
Oye David, ¿y cual hubiese sido la forma correcta de entrarle a Ainhoa sin caer en soloamigueo desde el primer momento? ¿Pudieses haber apelado a sus emociones en la misma cita con el helado o habrías hecho algo distinto?
Sí con Ainhoa cometí bastantes fallos desde el minuto 1, y sobre todo el no arriesgar es el primer desencadenante del solamigueo. Cuando la conocí quizás tendría que haber sido más directo de lo que fui y luego ya en casa no comerme su basura emocional y aceptar el rol de amigo. Pero por aquella época no sabia nada de seducción.